¡Como Hacer Amigos y Conservarlos!

Hace poco puse fin a una amistad de dos años. Fue una situación incómoda que me hizo replantear las razones por las que la conserve como amiga por tanto tiempo. Cuanto más pensaba en las diferentes veces que nos vimos, más me daba cuenta que en realidad nunca disfrute estar cerca de ella.

Creo que supe desde el principio que esta amistad tenía los días contados

Las sensaciones que surgían después de pasar tiempo juntas eran desagradables. Era como si me sintiera obligada a conservarla como amiga. Pero ¿Por qué me vería con la necesidad de fingir que me gustaba su compañía? Después de todo, nadie me estaba obligando a ser su amiga. De hecho, mi hija me pedía constantemente que no organizara citas de juego con su hija.

Mi cuerpo me mandaba señales diciéndome que algo no estaba bien con esta relación, pero lo ignoraba. Me he acostumbrado a pasar por alto las banderas rojas que expresa mi cuerpo que desconfíe de mi intuición y buen criterio. 

Lleva tiempo reconectarse con la sabiduría de tu cuerpo y recuperar la confianza en él, pero es un proceso que vale la pena. Acceder a esa fuente infinita de conocimiento es la clave que desbloquea la claridad, el poder y la integridad de sentirnos bien con nosotros mismos.

Nuestros padres y la sociedad nos han programado para no sentir nuestros sentimientos; si llorábamos porque nuestro hermano tomaba nuestro marcador favorito, nuestros padres nos decían que no era necesario llorar por eso. Cuando estábamos comiendo y queríamos parar, nuestros padres siempre nos empujaban a terminar lo que quedaba en nuestro plato. Cuando reuníamos la fuerza y el valor para trepar a un árbol, anunciábamos a nuestros padres; ¡Mira mamá! ¡Mira lo que puedo hacer! La respuesta de nuestros padres era, baja de ahí, ¡Te vas a caer!

Hemos aprendido a depender de las opiniones de otras personas para sentirnos bien con nosotros mismos.

Ya no confiamos en nuestro instinto y esto hace que nuestras amistades ya no sean tan livianas. Las amistades no son necesariamente difíciles; simplemente requieren una enorme cantidad de amor propio y autorrespeto. Sin duda, estoy arriesgándome al decir que la mayoría de las personas carecen de estas cualidades, pero esto explica por qué nuestras relaciones se convierten en una búsqueda continua de alguien que nos proporcione estas características a nosotros mismos

¿Cómo podemos honrar la intuición de nuestros amigos y escuchar su sabiduría si no podemos hacerlo por nosotros mismos?

Un amigo confiable comprende nuestro verdadero ser y se convierte en una extensión de nosotros. Están genuinamente interesados en nuestra vida, metas, miedos y gustos.

¿Estamos listos sintonizados con las personas que nos rodean? Mejor aún, ¿estamos listos para serlo con nosotros mismos?

Volver a mi infancia y conectar los puntos hasta el presente es increíblemente fascinante para mí. Para la mayoría de las personas, su infancia fue caótica y confusa, y se han acostumbrado a sentirse de esta manera, por lo que se convierten en adultos indecisos sobre sus acciones. Recorren la vida saboteando conexiones pacíficas porque ni siquiera saben cómo se siente la paz.

Mi teoría es que nos gusta fingir que disfrutamos estar alrededor de ciertas personas porque es un mecanismo de supervivencia. Nos fastidia la farsa y el drama de estas relaciones caóticas, pero estamos adictos a la adrenalina que ofrecen.

¿Son la mayoría de las amistades que hacemos en nuestra vida adulta relaciones desechables?

El tipo de amigo que existe en nuestras vidas solo para hablarnos del clima y de los programas de Netflix.

¿Son las amistades sólidas cosa del pasado?

¿Qué pasó con el tipo de amigos que solíamos hacer cuando estábamos en el colegio o la universidad? No teníamos que fingir en ese entonces; realmente estábamos interesados en nuestros amigos. De hecho, no tengo ningún buen amigo que haya hecho en mi vida adulta; mis mejores amigos hoy han sido mis amigos desde el colegio y la universidad.

Soy una mamá que educa en casa y paso una cantidad considerable de tiempo con otras mamás que educan en casa, preparando actividades para nuestros hijos. Nos vemos todos los días y, sin embargo, me siento distante de ellas. Siento que en cualquier momento nuestra amistad podría terminar porque no hay una verdadera convicción de que sea una amistad significativa. No siento una conexión genuina con estas mamás, en la que valoremos las filosofías de crianza de cada una y respetemos nuestros estilos de vida. Es cordial, sí, pero no parece que nos gustemos mutuamente ni que nos respaldemos mutuamente.

Cuando terminé mi amistad, sentí que estaba de nuevo al volante de mi cuerpo. Establecí un límite y el efecto de esa acción repercutió en todas las áreas de mi vida. Me di permiso para elegir paz. Esta amistad no traía paz. De hecho, cada vez que nos juntábamos con nuestros hijos, había una ansiedad constante y un vacío en mi estómago. Me desconcierta pensar que esperé tanto tiempo para tomar esta decisión, y me pregunto; ¿Soy la única que alguna vez se ha sentido así?

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¿Soy la única que se ha acostumbrado a sentir incomodidad, que busca relaciones que recrean esa sensación, solo para sentir familiaridad en ellas?

El problema es que quedamos atrapados en estos ciclos de relaciones tóxicas porque esto es lo que sentimos en nuestra infancia. Si crecer fue agotador, sintiendo que no pertenecíamos en nuestra escuela, con nuestros amigos y familia, entonces es más “seguro” para nosotros buscar esas relaciones miserables. Estas relaciones dolorosas reproducen cómo nos sentimos en nuestra infancia.

Es posible interrumpir esos viejos patrones y convertirnos en los guardianes de nuestra paz, comienza con límites saludables en torno a las cosas que crean disfunción en nuestra vida. Solo entonces podemos deleitarnos en amistades verdaderas y pacíficas.

¿Qué es una amistad genuina? La amistad, al menos para mí, es la capacidad de estar verdaderamente interesado en lo que otras personas están diciendo. Pasar menos tiempo en nuestra cabeza y más tiempo en nuestro corazón haciendo conexiones con la persona frente a nosotros. Hoy en día, lo contrario es la norma. Esto es evidente cuando estamos en medio de una conversación con alguien, y nuestro desespero es más por contar nuestro lado de la historia que por escuchar lo que están diciendo.

Ser un oyente activo y tener un sincero deseo de aprender más sobre la persona frente a nosotros son los mejores regalos que podemos dar a esa persona. Conectar con su esencia nos permite ser menos reactivos cuando nos molestamos y manejar mejor el conflicto cuando surge.

Trabajar en nosotros mismos significa tranquilizar nuestra mente para juzgar menos y estar presentes en nuestras conversaciones cotidianas. Esto significa que cuando saludamos a alguien y preguntamos cómo va su día, hacemos una pausa y escuchamos su respuesta. Con frecuencia, hacemos estas preguntas de manera robótica y no con curiosidad natural.

Es una idea tan simple, pero tan difícil de implementar, así que practiquemos primero con nosotros mismos.

Volvámonos expertos escuchando cómo nos sentimos. Seamos supercuriosos y tratemos de comprender por qué nos sentimos de la manera en que nos sentimos. Hagamos una pausa y preguntemos de dónde viene el pensamiento. Practiquemos estar satisfechos con el silencio, sin nuestros teléfonos, televisión y cualquier otro dispositivo que nos aleje de sentir nuestras sensaciones.

Nadie dijo que fuera fácil; nadie dijo que sería tan difícil

Coldplay

Es difícil, y, aun así, gratificante cuando lo logramos. Piénsalo: si no nos sentimos cómodos estando solos y escuchando nuestra propia voz, ¿cómo podemos esperar que las personas se sientan a gusto y encuentren alegría en nuestra compañía?

¿Cuál es la voz que más escuchamos durante el día? ¡La nuestra!

Debemos de tener el mayor interés en hacer amistad con esa voz. Convertirnos en ese amigo compasivo, curioso y que sabe perdonar, el amigo que en muchas ocasiones anhelamos tener. Somos tan duros con nosotros mismos cuando reflexionamos en nuestras propias expectativas y lo que no hemos podido cumplir.

Calmemos esa versión de nosotros, reactiva y aprendamos a dominar la habilidad de escuchar. Solo en esos momentos de silencio podemos acceder a nuestra sabiduría interior.

Es solo cuando nos hemos vuelto cómodos haciendo esto con nosotros mismos que podemos pasar a hacer esto por otras personas y crear esas conexiones significativas que llenan nuestras vidas de alegría.

Es la famosa línea de ponerse la máscara de oxígeno antes de ayudar a nuestro hijo.

Pero, ¿cómo me convierto en mi mejor amigo? Simplemente, escribe cartitas de amor con olor para ti todo el día.

¡Ja! No sería mala idea, pero puede ser más simple que eso. Qué tal empezar con 5 minutos al día para tranquilizar nuestra mente y escuchar esa sabiduría interior que nos ama. Cuando ya tengamos este hábito, pasamos a 15 minutos diarios, en los que hacemos una pausa y nos conectamos con nosotros mismos. Preparemos rituales en los que honramos nuestras necesidades, nuestra respiración, nuestra presencia.

Por ejemplo, me encanta preparar un té caliente a las 5 pm y beberlo muy lentamente. Me he acostumbrado tanto a ello que todos los días ansío esa cálida y reconfortante sensación alrededor de mis manos al final de la tarde. Solo me lleva unos minutos, y me siento recargada y lista para abordar mi próxima tarea. No tiene que ser un té caliente. Puede ser lo que tú quieras, siempre y cuando se convierta en un hábito diario de reservar algunos minutos como tiempo sagrado que dedicas a tu propia compañía.

Esto se llama estar presente con nosotros mismos, y una vez que nos volvamos expertos con nosotros mismos, podemos hacerlo con otras personas.

Cuando pensamos en los mejores momentos de nuestras vidas, cuando nos reímos tan fuerte y sentimos tanta alegría que irradiábamos amor. ¿Quiénes eran las personas a nuestro lado? ¿Quiénes eran las personas que se divertían con nosotros?

Es posible hacer amistades que superen la prueba del tiempo incluso en nuestra vida adulta. ¡Sí!

Las conexiones auténticas se logran cuando nuestro deseo se vuelve el hacer que las personas a nuestro alrededor se sientan escuchadas, comprendidas y apreciadas. Es poner esto como prioridad, incluso por encima de nuestra necesidad de ser escuchados y comprendidos nosotros mismos. Esto solo es posible cuando hemos conquistado el arte del auto respeto y el amor propio.

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